LIBROS CON PAGINA PROPIA

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Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
http://auteurjeunessedecuba.blogspot.com/

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8/11/12

El clasico cubano y latinoamericano "La Edad de Oro" aparece en francés

El gran clásico de la literatura infantil cubana y latinoamericana “La Edad de Oro”, de José Martí ha sido traducido al fin a la lengua francesa.
facsimilar de la primera versión publicada en Nueva York, 1889

Originalmente publicada como revista mensual (entre julio y agosto de 1889), los cuatro números han sido frecuentemente reeditados desde principios del siglo XX en forma de volumen único. Si bien anteriormente la editorial cubana en lenguas extranjeras José Martí ha traducido diversos textos de La Edad de Oro, es la primera vez que se intenta la traducción de la importante obra en su integralidad.

El colosal esfuerzo lo está llevando a cabo L’Atelier du Tilde, una modesta asociación de amantes de las culturas hispano-americanas residentes en Lyon, la segunda ciudad de Francia, situada a orillas del Ródano.

version del Atelier du Tilde. Lyon, octubre 2012
Las publicaciones de esta agrupación tienen carácter artesanal, forma que se presta perfectamente a la reproducción La Edad de Oro según su plan original: número a número. L’Atelier du Tilde publicará cada uno de los cuatro números en folleto independiente, del mismo tamaño y número de páginas que la edición original, cosido al lomo y sobre excelente papel. Solo cabe lamentar que todas las ilustraciones no estén a la altura –se reproducen algunos de los grabados originales, debidamente restaurados, junto a ilustraciones de un miembro de la asociación, de dudosa pertinencia- y que las tapas de la publicación sean de color dorado y no del mismo azul que los números originales. Pero, en fin de cuentas, la edición facsimilar –aunque en volumen único- coeditada en 1989 por Letras Cubanas y el Centro de Estudios Martianos (con motivo del primer centenario de la revista) llevaba una cubierta del mismo color ocre-dorado, y ya en ocasiones anteriores el libro en que se convirtió La Edad de Oro desde 1921 ha presentado ilustraciones diferentes escogidas por Martí en 1889.
Cubierta de la edición facsimilar del centenario (Letras Cubanas y Centro de Estudios Martianos. La Habana, 1989

El color de las tapas alude obviamente al título de la publicación, pero ya sabemos que ese título no lo escogió Martí sino el editor Dacosta Gómez, el mismo que provocara el prematuro fin de tan notable contribución martiana a la niñez cuanto quiso imponerle a su autor-redactor que hablase de “el temor de Dios”. En cambio, el color azul de las tapas sí fue escogido por Martí, quien se encargó de todo lo que, en forma y contenido, constituye La Edad de Oro. Un detalle interesante respecto a los grabados (extraídos de otras publicaciones): varios proceden del libro-álbum sin texto “La journée d’un enfant” (“El día de una niña”) del pintor e ilustrador francés Adrien Marie (Neuilly sur Seine, 1848 – Cádiz, 1891) del que tal vez Martí poseyó un ejemplar. Dibujos de ese libro (revolucionario para su época) aparecen como primera página del número 4, y en los cuentos "Bebé y el señor Don Pomposo", "La muñeca negra" y "Los zapaticos de rosa", todos originales de Martí. Lo más interesante es que esos dibujos inspiraron situaciones decisivas de los dos primeros cuentos, por lo que podemos hablar de una auténtica colaboración (involuntaria por parte del francés).

página del cuento de Martí "Nené traviesa" en que figura una de las epónimas ilustraciones del francés Adrien Marie
La arquetípica imagen de la niña de pie ante un libro abierto sobre una silla, que en Cuba ha sido reutilizada por numerosas publicaciones sobre literatura infantil y que vi convertida en el cartel lumínico del círculo infantil “Nené Traviesa”, del Vedado, es una de las diez imágenes del libro de Adrien Marie que Martí se apropió de tan creativa manera.

Con motivo de la salida de la importante traducción, la narradora oral cubana Mercedes Alfonso, también residente en Lyon, ha preparado un espectáculo en torno al cuento “Los dos ruiseñores” (versión libre de Martí del cuento de Hans Christian Andersen “El ruiseñor”) incluido en el cuarto número de La Edad de Oro.  El espectáculo tendrá su “première” el próximo viernes 9 de noviembre, en el marco de la jornada cultural Les belles latinas (Bellas Latinas) en la librería Raconte Moi la Terre, de la capital del centro de Francia.

http://www.culture.lyon.fr/culture/sections/fr/theatre/actualites/les_deux_rossignols_a_la_librairie
José Martí fue escritor, periodista, político, diplomático y otras muchas cosas en su corta vida. Nació en La Habana, en enero de 1853, y a los 17 años ya partía deportado a España. Su actividad política, en aras de la independencia de Cuba y de la consolidación de la autodeterminación y la democracia en América Latina lo ocupó intensamente hasta morir en Dos Ríos, en el oriente cubano, en mayo de 1895. Tras más de 15 años de ausencia, acababa de pisar el suelo cubano como dirigente del Partido Revolucionario Cubano y de recibir el grado de general del Ejército Libertador.

Fue durante su largo exilio norteamericano, en tiempos en que la lucha por la independencia vivía uno de sus peores momentos, que Martí creó “La Edad de Oro”, como parte de su trabajo por la construcción de una sólida identidad latinoamericana; esta vez orientado directamente hacia la niñez, es decir, hacia los futuros hombres de la “América nuestra”, como él la llamara por oposición a la América anglosajona, en la que tuvo que vivir la mayor parte de su vida. Pero hubo otra motivación, más directa, personal y afectiva, que modula con poesía y sensibilidad estética los aspectos educativos de La Edad de Oro: la relación de Martí con María Mantilla (entonces a punto con 8 años y medio), su “hijita del alma”. La hija adoptiva –que algunos consideran hija natural- de Martí inspiró algunas de las más bellas páginas de ficción de la revista (“Nené traviesa”) y es quien se esconde tras la dedicatoria del cuento en verso “Los zapatitos de Rosa”, incluido en el último número: “A Mademoiselle Marie”.
A la izquierda, Martí con su hijo José Francisco y a la derecha con María Mantilla Miyares

¿Por qué esta dedicatoria en francés? Martí dio clases de francés a la hija de quien regentaba la casa de huéspedes donde vivió en Nueva York, y con certeza su amante, Carmen Miyares. En las últimas cartas que le escribiera, a modo de testamento paterno, Martí le da consejos de lectura para que siga mejorando su francés. Yo me permito pensar que la indudable influencia de las revistas infantiles francesas de la época en La Edad de Oro se debe a las lecturas que Martí compartió con María Mantilla Miyares en los meses previos a la publicación de la revista.


fragmentos de una carta de Martí a su "hijita del alma" María Mantilla, inspiradora y destinataria explícita de algunas de las mejores páginas de La Edad de Oro
 
 

Además de haber consultado revistas infantiles de la época, Martí tradujo dos cuentos de Edouard Laboulaye: “Meñique” (en francés “Poucinet”, es decir “Pulgarcillo”) y “El camarón encantado” (en francés “L’écrevisse”, es decir “El camarón”). El primer cuento pertenece a Contes bleus (1863) y el segundo a Nouveaux contes bleus (1866).

 

IMAGEN: portada (página de títulos) de Contes bleus (Cuentros azules) correspondiente a la edición que poseo: París. Furne y Cía , librairies-éditeurs, 1864.

 

Laboulaye no era autor de esos cuentos, sino solo su adaptador. Gran admirador de los cuentos tradicionales de todo el mundo, aprovechó du conocimiento del alemán para adaptar de una compilación publicada en dicha lengua los cuentos “Poucinet”, de tradición finlandesa, y “L’écrevise”, perteneciente al patrimonio de Estonia.
 

Dos imágenes correspondientes a “Poucinet”(“Meñique”) con las ilustraciones de Yan’ Dargent para la edición de 1864:

 


 

 
 

 

 

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).