LIBROS CON PAGINA PROPIA

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autorretrato inédito en libro

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cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
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20/4/15

Todos los días, son Dia del Libro

Mis agendas y cuadernos de notas están llenos de apuntes y reflexiones en torno al libro y la lectura. Desempolvo algunos con motivo del Día Internacional del Libro, que se celebra cada 23 de abril, en homenaje a Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega quienes murieron el mismo aciado 23 de abril de 1616.



Leer  no es caminar sobre los pasos del que escribe. El lector emprende a solas el mismo camino que el autor y alcanza inevitablemente el mismo punto de llegada. Pero no anda al mismo ritmo, no repara en similares detalles ni experimenta iguales percances. El lector no viaja con el mismo equipaje, ni lo hace en idénticos día y hora (a veces, autor y lector son personas extremadamente diferentes, enclavadas en épocas y bajo cielos distintos y distantes). Forzosamente, lector y autor cruzarán el camino de disímiles personas y no verán al mismo pájaro volar… o sí, pero en dirección opuesta (el lector jamás compartirá, al milímetro, la sensibilidad, convicciones e imposiciones estéticas del autor). Incluso las flores del camino parecerán otras aunque la especie no haya mutado un gen; la estación no será la misma, no soplará idéntica brisa y, lo que es más importante: incluso si una y otra se repitieran con atómica precisión, la nariz es la de otro.

El escritor hurta disimuladamente a la Historia y le roba descaradamente a Su Historia.

La literatura no es la más fiel de las mujeres. Pero es tan bella y tan invenciblemente joven, que uno acaba por perdonárselo todo.

Yo no escribo aforismos, sino afuerismos. Porque hablo desde el exterior de la realidad. Hablo –en silencio, por supuesto- para mí mismo y para mi hermano el lector que puede, pese al silencio, escucharme.



Toda novela es una biografía. En general narra una vida ajena que el escritor sueña, pero a veces lo que se cuenta es la vida propia soñada como si fuese ajena.




No es hacer filosofía el afirmar que no existe literatura hasta que existe el lector. Pero no digo lector en sí -puesto que todo escritor es un lector; de su propia obra en primer lugar- sino lector en tanto que publico determinado. Así, no hubo literatura infantil mientras los niños no fueron considerados como su público determinado… y determinante.  



La Historia demuestra que no basta con saber, hay que creer. Ocurre lo mismo en literatura, particularmente en literatura de infancia: no basta con que el niño sepa ciertas cosas (el manual escolar se contenta con esto); es imprescindible que esas cosas las crea, las sienta, las viva.




Es mentira que la lectura sea un acto solitario... a menos que leamos algo que existe en un solo ejemplar. Al leer un libro estamos haciendo lo mismo que otros hacen, han hecho o harán. Estamos compartiendo la misma experiencia que decenas, centenas, miles e incluso millones de personas tuvieron anteriormente. Sin hablar de que, al leer, estamos reviviendo, recreando o descubriendo lo que el autor sintió al escribir.

El no lector abre un libro y solo ve letras, palabras; frases en el mejor de los casos. El lector abre un libro y ve bosques inmensos, océanos, volcanes; reinas y brujas; la Luna y el Sol; el pasado, el presente y el futuro, la guerra y la muerte; la vida, el sueño y el amor.




El libro y la buena mesa no van juntos, pero la lectura alimenta y, en casos extremos, ayuda a olvidar el hambre.

Hay farsantes, descendientes directos de los pillos que embaucaron al Rey Desnudo contado por Andersen, que publican cuentos sin palabras, sin ideas, sin trama, sin personajes, sin imágenes, sin humor… en resumen, que se limitan a enviar a los editores páginas blancas advertidos de (y, eventualmente, advirtiéndoles) que los tontos no ven el texto. Esos pillos publican sus “libros” con la misma advertencia en la contratapa. Y allá van críticos, libreros, bibliotecarios, padres y abuelas a comprarlos y a ofrecerlos a los chicos. Solo algunos pequeños se atreven a gritar: “¡El libro está vacío!” como mismo aquel niño del cuento gritó: “¡El rey está desnudo!”. Pero contrariamente al cuento de Andersen, son pocos los que escuchan y se ríen de los embaucados.





Todo texto literario es una partitura. Las palabras están tendidas sobre un pentagrama invisible ; pero los lectores saben poner la melodía. Su melodía.






Nadie sabe lo que intenta trasmitir el autor. No lo sabe el autor literario mismo (el autor no literario, sí que lo sabe y lo hace bastante explícitamente). El texto es un mensaje; pero no para el escritor, para quien su obra es un canto lleno de placer, de pulsión, de resonancias íntimas y compartidas. El lector entrará en sintonía con unos u otros elementos de la obra. Su posición no es la del destinatario que espera o recibe un –inesperado, no deseado, imprevisto- mensaje, sino alguien que busca mensajes en los textos que recibe. Todo libro es un instrumento... musical, lleno de posibilidades que cada cual hará sonar según sus competencias, capacidad, experiencia, sentimientos, necesidades.

me gusta decir que mis libros mezclan literatura para adultos y literatura infantil, lo que es una tautología parcial puesto que todo libro infantil es en parte un libro para adultos, porque la literatura es una sola y todo adulto fue, inevitablemente, un niño. Lo digo no solamente porque hay siempre adultos que leen libros de niños, sino porque todo niño contiene trozos del adulto que será (junto a otros trozos que, lamentablemente se hundirán en su subconsciente y aún se perderán completamente).


Me asombra la candidez -o el desparpajo- con que algunos autores de libros para niños confiesan que la motivación de un libro, y hasta de toda una Obra fue la de satisfacer la petición de un hijo o un nieto (frecuentemente enfermito o majadero). ¿Cómo es posible pretender que de una contingencia tan accidental y unívoca pueda salir una obra trascendente y universal? Para mí hacer literatura infantil es una necesidad expresiva, una disciplina dominada tras años de entrenamiento, de lecturas y tanteos, de sueños frustrados y de tentaciones avizoradas. Es posible que Proust haya tenido más talento que yo, pero no por eso se dedicó él a escribir para adultos y yo para chicos... ¿Imagina Ud. al egregio novelista francés confesando que escribió En busca del tiempo perdido el día en que su madre, sexagenaria y eventualmente resfriada, le pidió una novela?

Algunas grandes obras han nacido, no obstante, de la relación entre el autor y un lector individual (o no) concreto y cercano. Quizá el caso más famoso sea el de Lewis Carroll y Alice Liddel, pero también se puede citar el de Stevenson y el hijo de cierta señora de su afección o el de Astrid Lindgren y su hija; de esas contingencias privilegiadas, nutridas empero de una necesidad pre existente, nacieron “Alicia en el País de las Maravillas”, “La Isla del Tesoro” y “Pippa Mediaslargas”. Pero son mucho más frecuentes los libros de corto alcance resultantes del hecho de que sus autores sólo pensaban en una persona en particular (a veces, ellos mismos) cuando los escribían.



Yo solo sé boxear con guantes de papel.


No hay que confundir los meritorios libros infantiles para adultos,
 con los pueriles libros para adultos infantiles.


Tengo libros viajeros: algunos que estaban conmigo ya en Cuba, y me siguieron a Brasil, Dinamarca, Argentina y France; pero también otros que me encontraron en el camino y no me han dejado después, o que solo encontré después y gracias a un largo viaje. Hay libros que viajan conmigo en el avión; ya sea en la maleta confinada en la bodega o en el equipaje de mano… a mano por ser demasiado preciosos. Pero incluso aquellos que me siguieron por barco, en el contenedor con la mudanza internacional, acaban por reunírseme y celebramos con champaña el re encuentro. Para terminar, hay libros que emprenden conmigo viajes cortos, e incluso algunos que paseo simplemente, que saco a tomar el aire, y llevo conmigo como talismanes.

con mi libro "Javi y los leones" en San Juan, Puerto Rico

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).