LIBROS CON PAGINA PROPIA

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Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
http://auteurjeunessedecuba.blogspot.com/

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11/12/15

la agitada vida de una serie inconclusa

Cuando publiqué mi primer libro, "El secreto del colmillo colgante" (La Habana, 1983) yo planeaba desarrollar toda una serie de novelas de aventuras detectivescas protagonisadas por la misma pandilla de niños cubanos que, un poco más tarde bauticé Los Exploradores Incógnitos. La segunda novela de la serie no fue ninguna de las que yo había estado imaginando desde fines de los años 70 (reproduzco una página arrancada de un viejo cuaderno de notas con la lista e incluso los dibujos de tapa que yo pensaba realizar o sugerir)... 



La que finalmente escribí entre 1982 y 1983 fue "El enigma de Cuatroplagas", que obtuvo una mención en el premio La Edad de Oro (el premio de narrativa ese año fue declarado desierto) y mandé a la misma editorial que había publicado mi primer título. Pero el manuscrito fue rechazado con argumentos que, aunque en algún caso fuera acertados, me parecieron una respuesta indirecta a las críticas que yo venía haciendo de esa editorial. Ni siquiera mi ingreso en su Consejo Editorial en 1984 y la aceptación de muchas de mis objeciones a las concepciones editoriales de la época, me incitaron a insistir y fue la Editorial Oriente, que tenía en proceso el que sería mi segundo libro ("De los primeros lejanos tiempos la lechuza me contó", 1987) la que incluyó en su plan editorial la novela que, con mejor gusto, rebauticé "Campamento en Costa Rara". 

Sin embargo, cuando me marché de Cuba, en junio de 1989, todavía yo no había terminado la revisión a fondo que había emprendido dos años antes y que se reflejan en la versión radiofónica (64 capítulos) que concluí poco antes de partir a Brasil y que Radio Progreso transmitió entre fines de ese año y principios del 90. Fue desde Río de Janeiro que envié el manuscrito, dactilografiado en las hojas de papel pautado que usaban por entonces las editoriales cubanas y que yo había traído en mi maleta. Pero eso habrá sido a fines de 1989 y unos meses después, comenzaba oficialmente en Cuba el Período Especial, con su crisis económica y editorial y se dejaron de publicar novelas durante varios años. En realidad, nunca supe si el manuscrito llegó a la Editorial Oriente ni si llegó a continuarse el proceso editorial (me habían pagado el anticipo, consistente por entonces en 60% del precio correspondiente a cierta cantidad por folio).

Lo más sorprendente es que en aquel mismo 1989 apareció una versión en fotonovela, basada en la que yo había propuesto varios años antes a la revista Pionero y que fue a parar, nunca he sabido cómo, a la editorial Capitán San Luis.  En la portadilla se precisa: "Adaptación de Manolo Pérez sobre una idea original de Joel Franz Rosell" y respeta la trama, pero no la sensibilidad, de mi proyecto inicial. La misma editorial volvería a las andadas tres años después al publicar, con el mismo título de "El enigma" una era torpe simplificación para niños de menos de 10 años firmada esta vez por Olga Marta Pérez. 




Ambas ediciones se hicieron a mis espaldas y solo las descubrí por casualidad: la primera gracias a un primo que compró un ejemplar (en mi pueblo natal, Cruces) y lo hizo llegar a mis padres, quienes me lo guardaron en Santa Clara hasta mi primer regreso a Cuba en 1993. La segunda versión la descubrí en la librería de viejo "Cervantes" de la calle Reina (un ejemplar con algún garabato del niño o niña que fuera su primer propietario); no recuerdo si en el 93 o en mi segundo regreso tres años después. 


Lo que interesaba a la editorial Capitán San Luis (del Ministerio del Interior) era el valor ideológico de aquella primera versión que concluía con un discurso de Fidel Castro, el 26 julio de 1981, en que acusa abiertamente a varias instituciones estadounidenses de atacar a Cuba con armas bacteriológicas. Creo que se trataba del dengue, la fiebre porcina, el moho azul del tabaco y un parásito de la caña. Por eso la palabra Cuatroplagas aparece en el título de la versión original de mi novela, situada en una zona costera imaginaria llamada así por la hostilidad de su flora y fauna. Aquella versión terminaba cuando el más pequeño de mis protagonistas reconocía una palabra que escuchó sin comprender cuando se halló en manos de unos infiltrados en la citada zona costera: "Fort Detrick" aloja el laboratorio de guerra bacteriológica de la CIA al que se vinculó en aquella época con las enfermedades sufridas por plantas, animales y personas en Cuba.  Yo estaba muy satisfecho de ser el primero en incluir al lider cubano en una ficción para chicos, pero esa fue una de las primeras cosas que me reprochó el evaluador de la editorial Gente Nueva. La versión en fotonovela halló una solución salomónica: sustituyó el discurso e imagen televisivos de Fidel por un simple noticiero de TV. 
De todas formas, como mi novela tardaría no menos de seis años en aparecer, en aras a la intemporalidad literaria y en nombre de mi pérdida de confianza en los pronunciamientos políticos oficiales, ya en la versión radiofónica de 1989, yo había recentrado la trama, substituyedo la introducción de armas bacteriológicas por un simple caso de contrabando.

HE AQUI UNO DE LOS LIBRETOS (escogido al azar) DE LA RADIONOVELA "CAMPAMENTO EN COSTA RARA" (tienen 26 años y el papel ha amarilleado bastante).

            


El final de toda esta historia es que "El secreto del colmillo colgante" no fue el comienzo de esa serie que tanto hubiera agradecido la literatura infantil cubana de los 80 (incluso en la actualidad no hay nada verdaderamente comparable).

Cuando en 2009 la editorial Alfaguara publicó en España "Exploradores en el Lago", lo que hice fue publicar la primera aventura de los Exploradores Incógnicos. Una aventura ecológica en una reserva natural imaginada en el centro de Cuba. 



Cuatro años después, la editorial colombiana Hillmann publicó la versión ¿definitiva? de mi primera novela, con el título de "El secreto del colmillo dorado".


Pero ¿quién sabe cuándo escribiré y dónde y cuándo publicaré las dos novelas que imagino deberían separar "Exploradores en el Lago" de "El secreto del colmillo dorado"?
Debo reconocer que soy un escritor lento y desorganizado.
P

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).