LIBROS CON PAGINA PROPIA

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Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
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LA LEYENDA DE TAITA OSONGO


La leyenda de Taita Osongo se estrenó en su traducción francesa (Ibis Rouge. Cayena, 2004) y dos años después tenía su primera edición en castellano (Fondo de Cultura Económica. México) seguida por una traducción al portugués (Ediçoes SM do Brasil, 2007) y dos ediciones cubanas en 2010 y 2015. Fue seleccionada por el Banco del Libro (Venezuela, 2009) como uno de los mejores libros juveniles de autor latinoamericano publicados en el período. A principios de 2017 aparecerá una nueva versión francesa con ilustraciones mías que renuevan las de la versión cubana de 2010.

En 2016, recibió el Premio La Rosa Blanca con que la Unión de Escritores de Cuba distingue los mejores libros infantiles y juveniles publicados por autores cubanos en un año dado.

El Ministerio de Educación de la República Argentina adquirió 16 892 ejemplares de La leyenda de Taita Osongo a fin de ponerla gratuitamente a disposición de los alumnos de las escuelas públicas de toda la nación. La edición ha corrido a cuenta del Fondo de Cultura Económica-Argentina que reprodujo la edición original del Fondo de Cultura Económica (México, 2006), con las magníficas ilustraciones del también cubano Ajubel.

La leyenda de Taita Osongo es una novela para adolescentes que recrea el inicuo mundo de la esclavitud y la trata negrera organizadas por las potencias coloniales europeas a fin de disponer de la mano de obra barata indispensable a la explotación de sus colonias en América; en particular en aquellas zonas (en general la cuenca del mar Caribe) donde la población precolombina resultaba insuficiente para desarrollar la economía de plantaciones.

No se trata de una novela histórica o con pretensiones didácticas, todo lo contrario: es una novela de estilo poético en la que magia, amor y aventura se combinan para conseguir una historia intensa, con personajes que puedan seducir al joven lector. Esto no quiere decir que yo me aparte de un tratamiento riguroso de la problemática; de una manera no del todo consciente, lo que me propuse fue revivir el difícil proceso de mestizaje que dio origen al pueblo cubano y a mi propia familia.

La trama parte del enfrentamiento entre Taita Osongo, rey-mago de un país imaginario de Africa, y el astuto e inmisericorde traficante Severo Blanco. Junto con numerosos hombres y mujeres de su pueblo, Taita Osongo se ve trasladado al ingenio azucarero que se compra su enemigo, enriquecido por el tráfico negrero. La lucha entre los dos hombres es el centro de una historia que alcanza su máxima tensión cuando la hija de Don Severo y el nieto del taita, que ha sido desterrado al monte, deciden unir sus destinos pese a la oposición de la sociedad esclavista.


Como ya dije, la magia y la poesía se unen en esta novela, y la solución del conflicto pasa por episodios mágicos, inspirados en el cuento tradicional, pero menos en la cultura afrocubana, como podría esperarse, que en la tradición occidental (utilizo recursos frecuentes en la leyenda y la estructura de un cuento ruso recogido por Afanásiev). También me he nutrido de fuentes literarias cubana: Taita Osongo toma su nombre de su imaginario país que he llamado Sóngoro Cosongo como el segundo libro de Nicolás Guillén, el inventor de la poesía mulata. También hay referencias al gran clásico de la literatura infantil cubana Caballito blanco, de Onelio Jorge Cardoso y una extraordinaria coincidencia con la gran novela cubana sobre la trata Pedro Blanco, el negrero, de Lino Novás Calvo.


“La leyenda es ciertamente mi libro más comprometido y uno de mis más ambiciosos por su elaboración formal. Aborda la cuestión de la esclavitud y el racismo sin las intenciones pedagógicas y morales que suelen lastrar tanto libro sobre este y otros temas IMPORTANTES. Escribí este libro con el mismo cuidado por la buena y bella historia que he puesto en otros libros “sin tema”.


Esta es la primera vez que “… Taita Osongo” tiene una difusión a la altura de mis expectativas. A causa de una promoción ineficaz o de una demanda insuficiente por no ser uno de los temas de moda, o porque en los países de América Latina que no tuvieron mucha esclavitud africana pueden creer que mi libro no les es útil; aunque también puede ocurrir paradójicamente lo contrario: que los países que sí pasaron por el horrendo sistema esclavista se resistan a recordarlo. Tal desinterés hasta sería comprensible si mi libro no tuviera la necesaria autonomía literaria. Pero lo cierto es que mi historia puede funcionar como una leyenda o relato un tanto mítico con cualquier otra temática de fondo.

Tapa de la segunda edición cubana: Ediciones Matanzas, 2014 (4 000 ejemplares)


Mi experiencia con lectores de países muy diversos, me ha permitido comprobar que funciona como una “simple” historia de amor en tiempos de cólera. La injusticia: sea económica, política, religiosa, étnica o generacional existe siempre e incendia cualquier corazón adolescente. Estoy persuadido de que lo mismo un japonés que un noruego, un panameño que un egipcio pueden entender y disfrutar mi historia.







La primera versión fue la francesa: editorial Ibis Rouge (Matoury, Guayana Francesa, 2004. Ilustraciones de Alex Godard)

La leyenda de Taita Osongo apareció primer en su versión francesa de 2004. Pero lo cierto es que escribí ese libro en Cuba, en 1983 y gané con él el Premio Heredia, que otorgaba por entonces la Unión de Escritores y Artistas en Santiago de Cuba (donde yo vivía entonces). Aunque me propusieron su publicación en la Editorial Oriente, desistí de hacerlo pues sentía que algo faltaba en esa primera versión (titulada "El amo y el mago o La leyenda del algarrobo y la orquídea"). Tardé 18 años en comprender que el problema estaba en la falta de solidez del antagonista, Severo Blanco. Una vez resuelto el problema y reelaborados los primeros capítulos, presenté el libro a mis editores franceses y españoles. Finalmente, fue en Francia y luego en México que se estrenó la obra.

En Cuba, donde no se comercializan libros extranjeros y por tanto fue durante varios años el único país de América Latina donde resulta imposible conseguir la edición mexicana, La leyenda de Taita Osongo. Tras una edición casi simbólica de 800 ejemplares, realizada por una pequeña editorial provincial (Ediciones Capiro, Santa Clara, 2010), Ediciones Matanzas realizó otra de mayor calidad y difusión. Hora era en un país que se fraguó en el ardiente crisol de la esclavitud, pero cuenta raras las novelas sobre la esclavitud, la trata negrera y el racismo.


La primea versión en castellano: Fondo de Cultura Económica. México, 2006. Ilustraciones: Ajubel

En su selección de los 100 mejores libros de 2009, el Banco del Libro, reputado centro de documentación y promoción del libro y la lectura en América Latina, ha incluido La leyenda de taita Osongo de Joel Franz Rosell. Residente en París, el autor cubano estrenó este libro en francés. Dos años después la publicó en castellano el Fondo de Cultura Económica y al año siguiente fue traducida en Brasil.
Rosell combina una vez más realidad y fantasía, pero esta vez con un marco histórico preciso: el de la esclavitud de africanos en las plantacionea americanas. No nos cuenta la Historia, sino una historia: la del imposible amor entre Leonel, un joven esclavo, y Alma, la hija del temible traficante de esclavos Severo Blanco. Pero también, como lo indica el título, es la historia del abuelo del muchacho: taita Osongo, antiguo rey africano y esclavo cimarrón, quien utiliza la magia para luchar por la libertad de los suyos.
No sé si hay muchas novelas juveniles sobre la esclavitud en América. Esclavos hubo en las colonias españolas, inglesas, francesas y holandesas, y también en naciones independientes como Estados Unidos y Brasil (por solo hablar del hemisferio occidental). Pero entre las que he leído, nunca lo literario supera tanto la intención de informar o denunciar el destierro y explotación de millones de africanos durante los siglos XVII, XVIII y XIX.
Contrariamente a lo que puede hacer pensar el término “leyenda” incluido en el título, la trama no se basa en tradición africana o cubana alguna. Es un relato original que se inscribe en la moderna literatura cubana. El autor ha declarado haber reinventado la historia de su propia familia, que incluye ancestros africanos, españoles y aborígenes, y haber aprovechado su estado de ánimo durante una experiencia amorosa contrariada (no revela las circuntancias precisas, pero ¿acaso es importante cuando de analizar un libro se trata?).
Al margen de las fuentes históricas, familiares y personales, Rosell dice haberse alimentado en fuentes literarias cubanas, de Europa Occidental y hasta de Rusia. Entre los maestros cubanos a quienes rinde visiblemente homenaje están Nicolás Guillén, cuyo segundo libro de versos afrocubanos, Sóngoro Cosongo, da nombre al país imaginario del cual es rey Taita Osongo, y Lino Novás Calvo, cuya novela Pedro Blanco el negrero le inspiró el nombre de su anti-héroe: Severo Blanco. Solo un buen conocedor de la literatura cubana, entre los cuales no me cuento, detectaría otra referencia: Rosell declara haber citado casi textualmente una situación de uno de los cuentos de su compatriota Onelio Jorge Cardoso.
En lo formal, la novela también mezcla esencias diversas: algunas proceden de la leyenda, género de nuestra tradición greco-latina, pero para la estructura declara el autor haber recurrido a un cuento tradicional ruso: la fuga de Alma y Leonel está dividida en pequeños episodios en que aparecen y desaparecen los sirvientes mágicos de Taita Osongo. Si Rosell hubiera leído atentamente a Propp hubiera encontrado allí la descripción de modelos como el que ha utilizado en esa parte de su relato.
La leyenda de taita Osongo no es una novela histórica y mucho menos un relato servilmente puesto al servicio de los “valores transversales”. Es una corta e intensa novela de aventura, magia y amor que explota hábilmente la experiencia estética que ofrece a sus lectores, para facilitarles una apropiación afectiva de problemas como el racismo, la emigración africana, la pobreza del tercer mundo o las esclavitudes modernas. Todos esos temas, unos más contemporáneos que otros, están interrelacionados.
Después de vivir las 70 jugosas páginas de esta novela, nuestros jóvenes no podrán mirar nuevamente las múltiples formas de la injusticia como una cosa remota o exótica.
  


En la sala Alejo Carpentier de la Feria del Libro se presentaron las novedades para chicos de la Editorial Matanwas

La especialista cubana Denis Ocampo me dice de La leyenda de Taita Osongo:
"Me encantó. Me sorprendió mucho el ritmo y, como marco para eso, el hecho de que cada parte tiene un ¿estilo? dentro de la LIJ, que le da mucha diversidad y a la vez queda muy coherente. Quedó muy logrado el paso por la novela de aventuras de lobos de mar, a la historia de amor, a la aventura de persecución. Me gustó muchísimo. Y una cosa rara, a pesar de que es un libro
delgado y se lee rápido, lo recuerdo como si fuera una novela larga, de esas en las que ocurren muchas cosas.



Traducción al portugués:
Edições SM do Brasil. São Paulo, 2007. Traducción: Heitor Ferraz Mello. Ilustraciones: Fernando Vilela.

Fragmentos de la “Guía de lectura para el profesor”
de Ediçoes SM do Brasil.
Elaborada por Igor Ojeda, periodista e historiador


Temas: Esclavitud; Grandes viajes marítimos;
             Relato maravilloso; Diversidad cultural; Bien vs. Mal
El libro ofrece un relato, en forma de leyenda, que aborda la época de las grandes navegaciones en el Caribe. En esa época fermentaban sueños de hacer fortuna a todo precio, incluso enfrentando océanos bravíos, enfermedades mortales y enloquecedoras jornadas entre cielo y mar. La leyenda de Taita Osongo posibilita el trabajo sobre cuestiones como la narración fantástica, el género épico y las herencias que la esclavitud dejó en países de América.
Severo Blanco, marinero ambicioso y brutal, es el protagonista, que siguiendo las predicciones de una gitana, decide jugar con la suerte yendo hasta Sóngoro Cosongo, en la legendaria África, tierra donde abundan los tesoros. Después de enfrentar dios y el diablo, finalmente llega a su destino y resuelve traer los negros como esclavos para América. Uno de ellos, Taita Osongo, poderoso hechicero, intenta luchar con el marino, pero también acaba esclavizado.
A partir de ahí, ambos personajes tejen una historia conjunta, llena de misterio y magia, que culmina con la pasión entre la hija de Severo y el niego de Taita Osongo. Desafiando las leyes vigentes, los jóvenes intentan vencer el prejuicio en nombre de su credo: el amor.


“Al relatar los combates emprendidos por Taita Osongo, por su hijo cimarrón y por su nieto Leonel, el autor pone de relieve, con elevada justeza, la lucha y resistencia de los esclavos contra la opresión. Para mí, es un excelente relato sobre la esclavitud. Al mismo tiempo, este libro es un hermoso cuento, lleno de magia y poesía, ideal para iniciar a los jóvenes, desde edad temprana, en esta importante temática.
Estoy convencida de que, antes de la llegada del colonizador, los africanos respondían perfectamente a esta descripción: « los hombres sabían amar la vida, disfrutar del trabajo y honrar la naturaleza, y eran buenos, fuertes y sabios. (…) conocían el lenguaje de los animales y tenían relaciones particulares con las plantas, de manera que unos y otros obedecían de buen grado sus deseos ».
Me gusta pensar que hay todavía algunos iniciados que han conservado intactas esas facultades y puede ser que algunos Taita Osongo viven aún en los rincones más apartados de la Sierra Maestra y de la espesa selva del África”.



la aventura del negrero

 “Nunca conseguiré entender a los negros”. La frase abre La leyenda de Taita Osongo en la voz del protagonista-villano, el marino Severo Blanco. El lector descubre de inmediato uno de los principales temas de la historia que comienza: la incomprensión de la cultura y modos de vida ajenos.
una de mis ilustraciones para la edición cubana 

                                                                    
Severo Blanco, marinero ambicioso y brutal, es capaz de cualquier cosa  para conseguir su único objetivo en la vida: enriquecerse a cualquier precio. Más aún desde que una gitana lee en su mano que será tan rico cuanto desea, sin arredrarse siquiera ante su propia desgracia.
De hecho, pronto las cartas del destino de Severo estarán sobre la mesa. En un mísero bar del puerto de la Habana, se encuentra con un viejo capitán ebrio que dice tener el mapa para llegar a Sóngoro Cosongo, la tierra más llena de tesoros que nadie pueda imaginar. El precio para conquistarlos es, sin embargo, la razón. Pero Severo está dispuesto a pagar. Tras conseguir el mapa, Severo asesina al capitán y parte con su tripulación hacia el África, en una expedición que podría ser tema de cualquier clásico de la literatura épica.
Enfrentando las fuerzas naturales que parecen desafiar el navío con mareas tempestuosas y huracanes, él llega finalmente a Sóngoro Cosongo. El viaje narrado en La leyenda de Taita Osongo recupera la emoción de las historias de piratas recreadas a partir de figuras –reales o legendarias– como Barbinegra e el capitán Kid, que cruzaron los mares del siglo XVII.
ilustración para la edición cubana de 2010
                                                                           
Un nuevo mundo se abre para Severo: los habitantes de Sóngoro Cosongo son felices, trabajan por placer, festejan la vida y respetan la naturaleza. Una concepción diferente del vivir, en la cual la alegría se revela en el entendimiento de los aspectos primarios de la realidad. La ambición, los bienes generados por el capital, nada de eso importa. La civilización con que Severo se enfrenta es anterior a la valorización mercantil. Sin embargo, en vez de seducirlo, tal modo de vida estimula su ambición: el marino decide armar una emboscada y llevarse a los negros de Sóngoro Cosongo para que sean esclavos en América, volviéndose así millonario.
Todo ocurre conforme a lo planeado, hasta que Taita Osongo, uno de los hechiceros más poderosos de Sóngoro Cosongo resuelve enfrentarse a Severo Blanco. Utilizando poderes sobrenaturales –como ordenar que millares de gaviotas ataquen a los tripulantes, hacer crecer las algas del mar para atrapar el navío y transformar afiladas hojas de espadas en hierro oxidado–, el taita (palabra que significa “aquel que es arrojado y valiente”) intenta salvar a sus compatriotas. La fuerza del capital, sin embargo, impera sobre la fuerza de la magia y el hechicero es encadenado y llevado a Cuba.

Comienza, entonces, la segunda parte de la narración. Severo Blanco no es más un marinero ambicioso, sino un hacendado exitoso y respetado. El libro pone en escena el escenario común a Cuba, Brasil y otras antiguas colonias españolas, donde la esclavitud y su legado son rasgo común. Don Severo posee el mayor ingenio azucarero, los cañaverales más extensos y los mejores esclavos. Pero no consigue tener descendencia: su mujer pierde todos sus bebés. El ex marinero se considera víctima de una maldición y el culpable solo puede ser Taita Osongo, a quien ha mantenido encadenado desde su llegada de Sóngoro Cosongo. Decide liberarlo, alejando así sus brujerías. Casi inmediatamente, su esposa queda embarazada y da a luz una niña: Alma.
La esposa de Don Severo muere en el parto y Alma queda al cuidado de una esclava, convertida en su madre de leche. Ella también ha tenido un hijo, Leonel, nacido al mismo tiempo que la hija del amo. Los dos chicos crecen juntos y surge entre ellos la amistad y, finalmente, el amor.
ilustración para la primera edición cubana 
                                                                             
La madre de Leonel se da cuenta de los sufrimientos que amenazan a un esclavo que se enamora de su dueña. En tiempos dominados por el prejuicio racial semejante amor está condenado al fracaso. Decide revelar a su hijo que su verdadero padre fue asesinado por el padre de Alma y que es nieto del odiado y temido Taita Osongo. El muchacho, impactado, parece desistir de su afecto por la señorita del ingenio. Pero cuando Alma descubre que será obligada a casarse con un rico desconocido, revela a Leonel su angustia. Comprenden entonces que se aman y Leonel propone que huyan de la hacienda de Severo Blanco.
La leyenda de Taita Osongo mezcla aventura, suspenso y elementos mágicos, constituyendo un relato fantástico. La construcción de la trama se apoya en los pilares de la magia, los poderes sobrenaturales de los personajes, la lucha del bien contra el mal, la superación de las dificultades y la valorización del amor puro, romántico, como recompensa frente a todas las crueldades. 

Fantástico versus prejuicio

En la tercera parte del libro, cuando los enamorados urden planes para huir del malvado Severo Blanco –cuya figura agrega todos los tipos de villanía: ambición, violencia, prejuicios, intolerancia–, el tono mágico del relato se acentúa. Es el momento en que el ex marinero y el hechicero se reencuentran para ajustar cuentas con los dos enamorados como espejo. Buscando la ayuda de Taita Osongo, Alma y Leonel ejecutan diversos rituales para engañar a Don Severo: roban la caldera mágica del Taita, que está en poder del amo del ingenio, encantan una muñeca de yuca, que dejan en la cama de la muchacha, y abandonan la hacienda durante la madrugada.

Los amantes apelan a todas las fuerzas de la naturaleza  –un güije (duende afrocubano de ríos y lagunas) los ayuda a zambullirse  en un río turbio, una serpiente los lleva en su lomo, un murciélago amarillo se transforma en machete de oro–, para conseguir escapar; mientras Don Severo rompe sus hechizos valiéndose de los anillos hechos con los eslabones de la cadena que otrora mantuviera esclavizado a Taita Osongo.
  ilustración para la edición cubana de 2010
                                                                       
Al fin, los dos enemigos están frente a frente. Es la hora del enfrentamiento final, en el que  las cuestiones esenciales que entretejen la historia de Severo y Osongo serán colocadas en el tablero. La lucha por el poder, el prejuicio, la intolerancia y la no aceptación de la diferencia refuerzan la importancia simbólica de la batalla. Es la guerra sin cuartel entre el colonizador y el esclavizado, representada por el amor, que llaman imposible, entre una mujer blanca y rica y un hombre negro y esclavo.
La solución no podría ser más fantástica y al mismo tiempo lúcida: Leonel y Alma, que no consiguen vencer el prejuicio, pero quieren vivir juntos, son transformados, respectivamente en un algarrobo –árbol negro y poderoso– y una orquídea –flor blanca y delicada– prendida al tronco del árbol. Al intentar destruirlos, Severo Blanco se pierde en un bosque de algarrobos con orquídeas en el tronco, mientras Taita Osongo, como una neblina, se desvanece en el paisaje de la montaña.


El autor con un grupo de estudiantes de la Guayana Francesa (y su profesora) en Maripasoula, poblado de la selva amazónica fundado por descendientes de esclavos fugitivos (cimarrones)
dialogando con los alumnos

El maestro puede motiva a los alumnos con un análisis previo a la lectura. El título –La leyenda de Taita Osongo- ya aporta varios elementos misteriosos ¿Quién es Taita Osongo? ¿Es ese enigmático personaje representado en la tapa? ¿De dónde viene un nombre tan sonoro? ¿Es mexicano, cubano o de otro país? ¿Y si fuera extranjero, qué puede significar? El profesor puede pedir a los alumnos buscar la palabra “taita” en el diccionario, y a partir de su significado (padre, persona de edad avanzada, persona digna de respeto), preguntar si eso aporta alguna pista sobre la posible trama de la historia. ¿Será Taita Osongo el protagonista? ¿Por qué?

Es interesante reflexionar con los alumnos sobre el contexto presentado. ¿Qué fueron los grandes viajes marítimos? ¿Cómo vivían los marineros de los siglos XVI al XVIII? ¿Cómo fue esa época en que las grandes naciones europeas salían en busca de nuevas tierras y riquezas? ¿Había respeto por la cultura de los pueblos que encontraban? Aprovechando el capítulo “Profundizando en la temática”, el profesor puede hablar sobre descubridores, colonizadores y piratas, y pedir a los alumnos que investiguen sobre los “descubridores”, conquistadores y colonizadores: Colón, Hernán Cortés, Pizarro… Y sobre las diferentes colonizaciones: la de México, Perú y Centroamérica, donde se explotó masivamente la mano de obra aborigen, la de las Antillas, el sur de Estados Unidos o el Brasil, donde la escasez de población aborigen dio origen a la importación de esclavos africanos para trabajar en minas y plantaciones.
Lo ideal sería dividir la clase en grupos y encargar a cada uno un viaje diferente: hacia América, las Indias, África, contando con la ayuda del profesor de historia para mejor conducir la investigación. De acuerdo con la madurez de la clase se puede proponer la lectura –segmentada y acompañada- de fragmentos de los distintos relatos de la conquista y colonización, para que entren en contacto con un modelo de texto épico.
También existe la posibilidad de apoyarse en otras obras literarias, quizás incluidas en los programas de estudio que abordan el tema de las colonizaciones, las aventuras en América y África durante los siglos XVI al XVIII.
La segunda y tercer partes del libro, “Alma y Leonel” y “El algarrobo y la orquídea” cuentan como continua la vida de Severo Blanco después de la expedición a Sóngoro Cosongo, ya convertido en rico hacendado e implacable dueño de esclavos. La historia gana contornos de narración maravillosa, especialmente al describir los dones mágicos del hechicero Taita Osongo y los encantamientos a que recurren Alma y Leonel para huir de la tiranía de Severo Blanco. Con el apoyo del profesor de historia, los alumnos pueden ahondar en el universo de la época colonial: el sometimiento de aborígenes y de esclavos importados de África para explotar las riquezas de América y comparar el modelo cubano –el que refleja La leyenda de Taita Osongo con el del propio país de los lectores. Para apoyar el trabajo se puede recurrir a los pintores, acuarelistas y dibujantes que dejaron testimonio de los modos de vida coloniales.
Vale también destacar las características literarias del texto, evocando con los alumnos otras leyendas de diversas procedencias (universales, nacionales, locales) y comparándolas con La leyenda de Taita Osongo. Al hacer esto los alumnos pueden estudiar si todas las narraciones se construyen de la misma manera (contadas por un narrador omnisciente, con elementos sobrenaturales, con pocos personajes), si guardan vestigios de tradición oral o si hablan de asuntos que debía hacer parte de la vida cotidiana de la población local en algún momento de su historia. Para datar la actividad, el profesor puede hacer la siguiente pregunta: ¿las leyendas son narraciones ancestrales o pueden surgir en nuestros días?  ¿Alguien conoce una historia que ya pueda ser considerada leyenda y sea reciente? En el México actual, los corridos son una forma de leyenda y se nutren de hechos de actualidad, y algo similar ocurre en otros países con formas musicales cuyas letras responden a una estructura narrativa.


encuentro con alumnos de una escuela públiga de Taguatinga, Brasilia 
                                                   

Al leer La leyenda de Taita Osongo, los jóvenes entran en contacto con un universo rico que rescata la época de los grandes viajes marítimos, la época colonial, los relatos maravillosos y, especialmente, la manera como las culturas se mezclan  y dan lugar a nuevas culturas. La historia transcurre en Cuba, pero, en términos generales, las características son las mismas que encontramos en otros países de América: Brasil, las Antillas, el sur de Estados Unidos y en regiones de Venezuela, Ecuador, Colombia, América Central. El sistema esclavista intentó reprimir toda manifestación de la identidad cultural del esclavo –negro, aborigen u otro–, pero no lo consiguió. Incluso violentamente expatriados, los negros hicieron nacer su cultura en las tierras a donde fueron llevados. Este hecho es visible, para citar ejemplos contundentes, en la culinaria y la música. Una actividad final interesante tras la lectura de La leyenda de Taita Osongo, es emprender el rescate de los rasgos culturales negros que puedan existir en el país o en regiones del país de los lectores. Una actividad similar puede realizarse a partir de las minorías étnicas mexicanas, sometidas durante la colonia a una servidumbre próxima a la esclavización, y a una presión sobre su cultura semejante a la proscripción sufrida por la cultura del esclavo africano.
versión cubana: Ediciones Capiro. Santa Clara, 2010. Ilustraciones del autor
                                            

La leyenda de Taita Osongo es una narración de valor universal sobre la explotación de unos hombres por otros, por el racismo y la discriminación como instrumentos de explotación, pero también como veneno que destruye la vida y el amor. No hay porqué leer este libro como un documento sobre el tráfico y explotación de esclavos africanos en América. El autor lo insinúa desde el nombre del país imaginario de África, del que toma su nombre el protagonista: Sóngoro Cosongo es el título de uno del segundo libro de poesía afrocubana de Nicolás Guillén. Por un lado, el autor indica que su África es una creación ficcional, y por otro establece una filiación con la literatura cubana; algo que confirma al citar, casi textualmente una situación de otra página de las letras cubana: el cuento de Onelio Jorge Cardoso “La serpenta”, de su clásico infantil Caballito blanco.


mi primer encuentro con la versión cubana de 2015, en el Pabellón Cuba, la más popular de las subsedes de la Feria Internacional del Libro de La Habana


durante la presentación de "La leyenda de Taita Osongo" en La Cabaña, sede de la FILH



poso con mi recién descubierto libro entre dos clásicos de la narrativa cubana evocados en un mural de Fuster (el Gaudi tropical): "Caballito de Coral", de Onelio Jorge Cardoso, y "El cochero azul", de Dora Alonso

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.


Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Tengo músculos de payaso






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).