ILUSTRACION TOMADA DE MI LIBRO HONTZAK KONTATU ZIDAN (LA LECHUZA ME CONTO). BILBAO. DESCLEE, 2006.

LIBROS CON PAGINA PROPIA

LIBROS CON PAGINA PROPIA
Han abierto página propia mis libros "Don Agapito el apenado", "Mi tesoro te espera en Cuba", "La Nube", "Javi y los leones", La leyenda de Taita Osongo" y "Un oficio de centauros y sirenas"

mago del cuento

mago del cuento
ilustración de Francisco Meléndez para mi primer libro español "Los cuentos del mago y el mago del cuento" (Ediciones de la Torre, 1995)

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
http://auteurjeunessedecuba.blogspot.com/

Mi tesoro te espera en Cuba

MI TESORO TE ESPERA EN CUBA
de Joel Franz Rosell,
Madrid, Editorial Luis Vives (Edelvives), 2008
Colección Alandar,
184 pags , 8,88€.
(primera edición: Hachette. París 2000, en lengua francesa
primera edición en castellano, agotada: Sudamericana. Buenos Aires, 2002)



Con Mi tesoro te espera en Cuba el escritor cubano Joel Franz Rosell nos sorprende con una novela realista, sensible y emocionante. Plantea al mismo tiempo un viaje y una aventura diferente para los jóvenes lectores. Sorprende porque el autor nos tiene acostumbrados a libros "más alejados de la realidad" como Don Agapito el Apenado (Kalandraka, 2008), Javi y los leones (Edelvives, 2003) o La tremenda bruja de La Habana Vieja (Edebé, 2005). Sin embargo en este libro nos trasladará a Cuba, el país que tanto conoce, y nos irá enseñando a través de los ojos de Paloma la vida de sus calles y de sus gentes. Desde los hoteles para extranjeros al interior del país con sus casas, sus azoteas y sus calles sin asfaltar.

El argumento es el siguiente: Un verano Paloma, una joven valiente y decidida, viaja con su tía a la ciudad de Varadero. Su tío bisabuelo Fermín, que emigró a España tras la caída del presidente Batista, le cuenta lo que sufrió en aquella época de su vida y le confiesa que dejó un tesoro escondido antes de marcharse. Paloma viaja a Cuba con la firme idea de buscar el tesoro de su abuelo. En la isla la protagonista conocerá otros chicos que viven una realidad muy diferente a la que ella vive en España. Paloma les propone que la ayuden a buscar el tesoro y allí comienza el principio de una aventura y una amistad que marcará a la protagonista para el futuro.

El conocido autor Joel Franz Rosell (Cruces, Cuba, 1954) es escritor, crítico, profesor y periodista. Ha vivido en Cuba, Brasil, Dinamarca, Francia y Argentina, y ha publicado una decena de libros para niños en esos países y en España. Algunas de sus obras han sido adaptadas a la televisión, la radio, el cómic y la fotonovela, al teatro y la narración oral, principalmente en su país de origen. Su obra crítica y ensayística ha aparecido en diarios y revistas de Europa y América. Entre otros reconocimientos ha obtenido la distinción The White Ravens en 1996, el Premio La Rosa Blanca (Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1995, 1996 y 1997) y el Premio de la Ciudad de Cherburgo 2001.

Paloma descubrirá desde sus ojos adolescentes una cultura diferente, que nos transmitirá a los lectores gracias a las curiosas anécdotas que vive con sus amigos. También con la ayuda de sus amigos descubrirá la belleza y los tesoros de la naturaleza salvaje de Cuba, pero al mismo tiempo notará las grandes diferencias que tiene su tranquila vida en España con la de sus nuevos amigos. A Paloma le resulta raro cuando su amigo le propone esconder la ropa bajo la arena para que no se la roben, la falta de comida en la casa de su amigo o a la imposibilidad para pagar en una tienda que tienen sus nuevos amigos. El autor nos plantea ante todo el valor irrepetible de la amistad entre estos jóvenes a pesar de las dificultades. Un libro ameno y sensible que nuestros jóvenes no deben dejar de leer.

Carmen Fernández Etreros. El blog de Pizca de papel. España, 2002

http://elblogdepizcadepapel.blogspot.com/2009/02/recomendacion-mi-tesoro-te-espera-en.html


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"La riesgosa fabulación del exotismo"



Romper los tópicos que en el resto del mundo existen sobre Cuba y los cubanos es, la mayoría de las veces, un muro que debe saltar el escritor cubano cuando quiere que su isla real cobre vida en su mundo fabulado y que no sea ese país exótico, tropical, libertino, jolgorioso que parece, más que un país, una postal turística.
Mi tesoro te espera en Cuba, novela del escritor cubano Joel Franz Rosell que ha publicado recientemente la editorial española Edelvives, además de ese salto sobre los convencionalismos y los esquemas que existen sobre Cuba y nuestros asuntos, deja escapar preguntas muy necesarias sobre la existencia de un género tan difícil como la novela juvenil.

La historia es, en principio, bien simple: Paloma, adolescente española, es la niña mimada de su tío bisabuelo Fermín, un español que se hizo rico en Cuba y huyó de la isla, como otros miembros de la burguesía, tras la caída del presidente Fulgencio Batista, sin imaginar que, muchos años después, el azar le permitirá a la muchacha regresar a los sitios donde él había vivido y amado a una gran mujer, gracias a que la tía Catalina, hermana de la madre de Paloma, está en una empresa que tiene inversiones en Varadero, la más hermosa de las playas cubanas.

Pero esa historia es simple sólo en la epidermis de la anécdota. Joel Franz Rosell hace una apuesta arriesgada y, más con malicia de demiurgo que con suerte, gana la apuesta: ¿cómo destruir los tópicos, cómo desmenuzar los esquemas preconcebidos, cómo desterrar los exotismos del paradisiaco universo tropical con los que somos observados los cubanos utilizando precisamente esos tópicos, esos esquemas y esos exotismos? Es una trampa perfecta, armada por el escritor, que va llevando al lector por vericuetos que la propaganda internacional sobre Cuba le ha permitido conocer casi a la perfección, para, llegado el momento, darle un vuelco a la narración y mostrarle a ese lector confiado, y ya atrapado en la historia, la verdadera cara de una isla, nada exótica, nada tropicalista, nada paradisiaca, pero siempre hermosa y subyugante.

La experiencia escritural que ha convertido a Joel Franz Rosell en uno de los más importantes cultivadores de la literatura infantil y juvenil en América Latina, le ha permitido hacer un descubrimiento: el primer anzuelo ha de ser un deseo humano universal, la búsqueda de esos tesoros que todos los seres humanos, en cualquiera de las culturas que existen, desearan encontrar (el tío bisabuelo, “tisabuelo” Fermín le ha asegurado a Paloma que dejó escondido un tesoro en Cuba). El preciso tirón de sedal que clava el anzuelo en la boca de ese pez en que se convierte el lector es otro deseo humano universal: descifrar un enigma mediante una pesquisa personal que convierte en detectives a Paloma y a esos otros muchachos de su edad que conocerá en Cuba. Luego de eso, los recursos típicos de la novela de intriga, las peripecias propias de la novela de aventuras y el enfrentamiento entre el mundo de la modernidad que representa Paloma y la prehistoria social caribeña que representan el adolescente cubano Jorge y sus amigos del pueblo, aprovechando el escenario idílico geográficamente pero convulso de la playa de Varadero y los pueblos cercanos en esa zona de la isla, terminarán subiendo al pez-lector a la cesta que carga un sonriente pescador llamado Joel Franz Rosell.

Ni uno solo de los tópicos, ni uno solo de los esquematismos sociales, ideológicos y humanos con los que suele el mundo contemplar la realidad cubana actual, queda con vida en esta novela. Con esa prosa ágil y visual que caracteriza la narrativa de Joel Franz Rosell, mediante la imbricación de la historia íntima de la familia de Paloma en esa gran historia nacional que viven los cubanos cada día, se asiste a la caída de los mitos, a la destrucción de lo preconcebido sobre la falsa información de la propaganda política y turística, al descubrimiento de una realidad más compleja, nada maniquea, con matices que difieren de esa fotografía en blanco y negro que suele representar la isla de Cuba y sus habitantes en el imaginario universal.

Cabalgando esos tópicos y esos esquemas, Joel Franz Rosell los va desmenuzando, y lo hace con una historia humanísima, conmovedora, donde otra vez un tópico universal se impone haciendo más universal la historia contada: el tisabuelo Fermín, además de un tesoro, huyó de Cuba dejando allí la mitad de su vida y un gran amor, su único verdadero amor. Paloma deberá encontrar las causas que provocaron esa ruptura; una ruptura que ha hecho del tisabuelo un ser herido, aplastado por la nostalgia y el dolor. Y por el odio, un odio profundo hacia aquellos que le quitaron sus joyas más preciadas imponiendo la malsana voluntad de “Ellos” (se refiere a quienes hicieron la Revolución en 1959), que según él, “lo destruyeron todo: volvieron rojo lo verde, cambiaron la madera por hierro, allanaron las montañas, y a las gentes las cambiaron por máquinas rusas”. Como se ve, tópicos anti-revolución mucho más viejos que los que hoy se imponen.
Contra ese odio también cabalga Joel Franz Rosell en esta novela. Y es otro de sus méritos: la española Paloma ve disolverse frente a sus ojos, en sus manos, todos los mitos y los tópicos que le habían enseñado sobre Cuba, va entrando de lleno en la durísima realidad que atraviesa el pueblo cubano, conoce de cerca que son mentiras casi todas las señales que le han llegado en España de la propaganda política internacional a favor del gobierno cubano, pero su respuesta es natural: la comprensión y el amor, el perdón como única salida a todas las incomprensiones, a todas las diferencias.

Mi tesoro te espera en Cuba, entonces, es una novela de enigma y de aventuras, apasionante y que, como buen libro de aventuras, se lee de un tirón; es, además, una novela exquisitamente construida, de personajes muy bien definidos, porque Joel Franz Rosell sabe que la caracterización psicológica era un elemento vital para que su tesis funcionara; y es, finalmente, uno de esos libros que, tanto por su escritura como por sus propuestas de pensamiento, deberían ser más promocionados, más conocidos, más leídos.
Esa, como dije al inicio, es una de las preguntas más fuertes, y más tristes, que nos hace Joel Franz Rosell en una novela como esta: ¿por qué estamos tan abiertos a promocionar novelas infantiles y juveniles que idiotizan y otras creaciones que hacen pensar al niño en formación, al joven en formación, son condenadas al olvido o, cuando menos, a la gloria efímera de un par de semanas en las estanterías de novedades?, ¿hasta dónde la actual literatura infantil está traicionando la ya casi ancestral tradición de llegar al niño, al adolescente, e incluso al adulto que lee esos libros, conmoviéndolo con un verdadero humanismo y no con esas falsas historias que hoy venden millones de libros que idiotizan a millones de lectores?, ¿qué impide que la poderosa literatura infantil y juvenil latinoamericana, o de habla hispana, ejerza el protagonismo que debería tener en los más de quinientos millones de lectores potenciales de la lengua española? Otra vez, como siempre, el Poderoso Caballero Don Dinero es la tristísima y vergonzante respuesta.
Ese es, basta con leer esta novela para darse cuenta, otro muro que Joel Franz Rosell debió saltar: Cuba necesita ser repensada, redescubierta, y el único modo que tiene como escritor es escribir de esa isla, utilizando precisamente la riesgosa fabulación del exotismo para que el falso exotismo de la propaganda y los convencionalismos se evapore y quede el exotismo real, el innegable, aquel que Cristóbal Colón descubrió cuando puso su pie en las arenas de una de nuestras playas sin saber que justo en ese instante, con ese gesto suyo de descubrimiento, iniciaba el mito de una isla, “la más hermosa que ojos humanos han visto”.

Amir Valle. Otro lunes. número 4. Berlín, 2009

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"Regreso a Cuba"

Los que conocen los libros publicados en España por el cubano Joel Franz Rosell resultarán un tanto sorprendidos por esta novela. Su ambientación en la Cuba actual, su estilo realista, su estructura de aventura detectivesca y su lenguaje directo nada tienen que ver con cuentos de ambiente universal y diversa tonalidad mágica como El pájaro libro (Ediciones SM), metáfora sobre la relación entre el autor y sus lectores; Pájaros en la cabeza (Kalandraka), fábula sobre el poder; La canción del castillo de arena (A Fortiori), balada sobre la relación padre/hijo con base rítmica en la ecología, o Javi y los leones (Edelvives) reflexión sobre el papel de la imaginación en la solución de los miedos en la vida de un niño que comienza la escuela.

Tampoco se advierte en Mi tesoro te espera en Cuba, la rodariana fantasía de lo extraordinario que caracteriza Los cuentos del mago y el mago del cuento (Ediciones de la Torre), lo maravilloso crítico de Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico de los Palotes (El Arca y Alfaguara), o con el realismo mágico urbano de Vuela, Ertico, vuela (Ediciones SM).

Cuba está presente en La tremenda bruja de La Habana Vieja (Edebé), pero la caricatura y la magia relegan las problemáticas y ambiente cubanos en una trama dominada por la conflictiva relación entre la bruja del título y su angelical sobrina-tataranieta.

De manera similar, la combinación de magia e Historia hace que La leyenda de taita Osongo (Fondo de Cultura Económica) no sea estrictamente un libro sobre Cuba, sino sobre todos los territorios americanos en que se practicó la infame esclavización de millones de africanos.

El ambiente y la temática cubana habían sido abordados por Joel Franz Rosell en su primer libro, El secreto del colmillo colgante, publicado en La Habana en 1983; es decir diecisiete años antes de la primera versión de Mi tesoro te espera en Cuba, que aparece en francés (Hachette, 2000). Pero aquella primera novela adolece de un discurso imperfecto, de personajes superficiales y de una trama a menudo inverosímil. Por otra parte, las circunstancias políticas en que se apoya la trama evidencian “corrección ideológica” que doblegaba la literatura infantil cubana de la época.

Mi tesoro te espera en Cuba es también una novela de aventura con elementos de encuesta, pero su autor ha madurado literariamente y ha vivido experiencias similares a las de sus personajes (emigración, choque cultural, alienación de sus derechos ciudadanos) y eso da consistencia y verosimilitud a la historia.

Lejos de apoyarse en su biografía, Rosell recurre a la relación entre una persona en plena infancia y otra en la senectud. Es algo presente en Vuela, Ertico, vuela y en La tremenda bruja de La Habana Vieja (tal vez un leit motiv de su narrativa), pero esta vez la historia se sitúa en un contexto político-social especificado. En consecuencia, la perspectiva de los diversos personajes problematiza la visión que tienen de la realidad cubana. En los primeros capítulos, introductorios, se cuenta que el tío-bisabuelo de Paloma, una española de 11 años, vivió e hizo fortuna en Cuba hasta que el triunfo de la revolución castrista lo obligó a huir. El anciano idealiza la época precastrista y demoniza la etapa posterior al 1 de enero de 1959. De la misma manera que la historia del tío-bisabuelo sirve para situar al lector (chicos españoles que nada saben de Cuba) en la época prerrevolucionaria, las experiencias de la protagonista permiten comprender los dolorosos contrastes entre las bellezas naturales de la isla y el confort ofrecido al turista extranjero, frente a las dificultades y frustraciones que viven cada día los cubanos de a pie.

La ciudad en que vive Jorge, el amigo cubano de Paloma, es la misma donde residió el tío-bisabuelo y la mansión que éste poseyera alberga en la actualidad la escuela en que estudia el chico. Estas casualidades podrán parecer un tanto inverosímiles, pero son casi inherentes al género, cuyos principales resortes –fluidez de acontecimientos y bien dosificados momentos de suspense y acción– son perfectamente dominados por Rosell.

Los personajes son convincentes y entrañables, aunque no se ahonda en los conflictos humanos e ideológicos del tío-bisabuelo, de la pareja que forman la tía de Paloma y el padre de Jorge, y en las contradicciones que surgen entre la protagonista española y sus amiguitos cubanos. Es evidente que el propósito del autor no es el análisis profundo de la realidad cubana contemporánea, sino proponer un primer contacto con una problemática demasiado compleja para adolescentes que, si acaso, solo disponen de imágenes estereotipadas de la realidad cubana.

Emigrado desde 1989, Rosell no pretende saldar cuentas con el régimen castrista. Declara haber actualizado la novela tras cada viaje a Cuba, buscando una síntesis de las diversas situaciones vividas por el país desde la caída del muro de Berlín. Las realidades del llamado “período especial” han sido abordadas en numerosas novelas para adultos, pero están casi inéditas en la narrativa infantil cubana. Es una de las razones, pensamos, por las que el autor ha decidido regresar a Cuba en una novela que anuncia para el próximo año. La otra razón puede estar en que los conflictos dejados en suspenso por el final abierto de Mi tesoro te espera en Cuba son demasiado prometedores como para que un autor de demostrada vocación como Joel Franz Rosell, los deje de lado.

L. García Nemo
Babar. España, enero 2009

Revista Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil. Bogotá, 2003


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"Atreverse a Leer"

Para cambiar un poco el tema, cambiamos de rubro y nos vamos a la novela viajera. Ese nombre denomina a las novelas donde un personaje parte y viaja a un lugar. Lo más importante es que nos muestra como se vive en ese lugar y cuáles son las costumbres. Es tal el caso de "Mi tesoro te espera en Cuba", una novela escrita por Joel Franz Rosell. Él es cubano y escribió esta historia especialmente para los niños extranjeros. Dice que un niño cubano lo miraría de otra manera, o sea, que no era a lo que estaban acostumbrados. Paloma, el personaje principal de la novela, nos muestra como consigue viajar a Cuba. Y conoce a unos amigos que la ayudarían a encontrar el tesoro de su abuelo. Y fue el inteligente Carbó el que los puso sobre la pista del tesoro. En esta historia, no sólo vemos como se refleja la amistad, y las costumbres, como conocer el trato entre los cubanos, los paisajes, etc., sino también tratamos de comprender una crisis que sacude a Cuba. Entenderla es muy difícil. Pero yo, me pasé semanas y semanas analizánola y finalmente la entendí.
Ellos comen y están bien, pero no se pueden dar todos los gustos. Con lo que comemos nosotros, los argentinos, ellos comen por 3, pero están bien. En cambio, aquí, se desperdicia todo y así estamos en la crisis que estamos. Eso llevaría a pensar en los desperdicios tóxicos y en la contaminación.

María Sol Zapata, 11 años
Buenos Aires, Argentina, 2005


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Mi tesoro te espera en Cuba
Editorial Sudamericana
Buenos Aires, 2002
Ilustraciones: Pier Britto
156 p.

Con voz clara que trae el color del Caribe, Joel Franz Rosell desgaja con destreza y entendimiento una realidad que aqueja a un país signado por dolores: los que se fueron, los que se quedaron, los jóvenes y los viejos; algunos, protagonistas de hechos que quisieron creer y que no fueron tales; otros, protagonistas de lo que les toca en el juego.

Una niña española, descendiente de familia de cubanos, viaja a Cuba con la excusa de pasar unas vacaciones con su tía, pero en realidad va en busca de un tesoro. Y como en toda búsqueda, nunca se sabe lo que se puede encontrar.

María Rosa Mó
Gnomo de arena. Año 1, n° 2. Buenos Aires, diciembre de 2002.

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NOTAS PUBLICADAS A PROPOSITO DE LA EDICION FRANCESA
"CUBA DESTINATION TRESOR"
Hachette. Paris, 2000
Ilustraciones: Boiry
Premio de la Ville de Cherbourg en 2001

Cuba: ¡qué lugar maravilloso para Paloma, que a los diez años descubre el lado “paraíso tropical” de la isla! Pero la pequeña española se da cuenta pronto de las tendencias policíacas del régimen, de las estrecheces que sus nuevos amigos cubanos se esfuerzan por disimular. Su tío-bisabuelo le ha confiado una misión: encontrar un “tesoro” que él habría dejado oculto en su casa cuarenta años atrás, cuando se vio obligado a huir del país, dejando a su esposa, que moriría poco después. Gracias a una pandilla de chicos de su edad, Paloma cumplirá exitosamente su misión.

Cubano él mismo, el autor consigue hábilmente sacar a la luz los problemas del subdesarrollo, los sentimientos que animan a los cubanos a propósito de extranjeros a los que presumen ricos. Los amigos de Paloma son personajes diversos, con los cuales ella establece relaciones auténticas. La historia del tesoro mantiene el interés hasta el final, sirviendo de pretexto a un descubrimiento más importante: las realidades de un país que conocemos mal. Una excelente novela, viva, interesante y bien escrita.

Livres Jeunes d’aujourd’hui. París, diciembre 2001
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De vacaciones en Cuba, Paloma desearía descubrir el “tesoro” de su viejo tío abuelo, expulsado de la isla en 1959. Lo que ella comienza por advertir son las realidades de un régimen constrictivo y la disimulada pobreza de sus nuevos amigos. Un descubrimiento auténtico del país, de sus riquezas y de sus flaquezas, sostenido por una aventura-pretexto llena de vitalidad.

Unión Nacional Culture et Bibliothèques pour tous
“Fichas rápidas”, 20/11/01
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Encontramos en esta novela las aventuras y la atmósfera un tanto misteriosa que gusta a los chicos. Los jóvenes protagonistas: Paloma, la española que quiere ayudar a su tío bisabuelo, Jorge, su amigo cubano, y la pandilla de amigos de ése último, son personajes atractivos. El relato es vivaz y está bien construido.
Cuba, que sirve de marco a la historia, está presentada de manera un tanto rápida y superficial, pero el autor da a pesar de todo deseos de conocer más sobre esta isla llena de contrastes: un paraíso para los turistas acomodados, mientras que los habitantes llevan una vida difícil, con sus comercios vacíos, sus escuelas en mal estado y sus transportes ineficientes.

Ch. C
Nous voulons lire!
Burdeos, Francia. Navidad 2000

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Paloma no parece demasiado entusiasta en la perspectiva de una gran reunión de familia en casa de su abuela. Pero no se puede obviar que en la agitada “colmena” nadie parece tener tiempo para la chica.

Por suerte está Fermín, el tío bisabuelo, a quien la une una fuerte complicidad, pese a que Paloma no siempre comprende sus reacciones. El anciano no está del todo en sus cabales, vive postrado en sucesos de hace cuarenta años, acosado por su trágica aventura cubana y el secreto en torno a su esposa, trágicamente perdida...

Pero también está la tía Cata, la otra original de la familia; una arquitecta trotamundos que en su errar de continente en continente hace actualmente escala en Cuba. Cuando entra en escena, Cata propone Paloma ir con ella a Cuba. Nuestra heroína apenas puede contener su emoción. Cuba: su sol, sus playas, los paisajes idílicos, sus frutas generosas... ¡Paloma se imagina en un pequeño paraíso!

Ella nunca ha comprendido bien porqué Fermín llora de cólera cada vez que habla de “Allá”, insultando fantasmas que no tienen otro nombre que un “Ellos” enigmático. Pero cuando el anciano aprovecha que están solos para pedirle que busque el tesoro que ocultó en su antigua residencia cubana, Paloma decide que ha llegado el momento de aclarar los misterios que la interpelan desde pequeña.

Los primeros días en Cuba no son tan excitantes como la chica había imaginado. No es que el hotel de lujo, las playas maravillosas o el paseo en yate desmientan la imagen paradisíaca que se había forjado, pero nada de esto consigue calmar una creciente insatisfacción. ¿Por qué los cubanos son cruelmente excluidos de los lugares turísticos? ¿Por qué su joven amigo, Jorge, no tiene dinero pese a que su padre es arquitecto? ¿Por qué las tiendas están vacías? Y sobre todo, ¿por qué cada una de sus preguntas recibe como única respuesta un “comprenderás más adelante, es demasiado complicado”?.

Cuando su tía decide al fin darle algunas explicaciones, no tarda en advertirle que en Cuba todos evitan criticar al régimen político, a fin de no crearse problemas... incluso con sus propios amigos.

En semejante coyuntura a Paloma le resulta difícil confiarle a Jorge lo del tesoro. La chica se siente cada vez peor y comete sucesivos errores con sus nuevos amigos. Impulsada por la amistad que estos le demuestran y por sus acuciantes preguntas, termina por contarles una parte de su secreto: que debe encontrar la antigua residencia de Fermín.

Los amigos de Jorge dan muestras de una formidable eficacia: Carbó, la lumbrera que resuelve todos los enigmas, Kilito, el pícaro que se desliza por el menor intersticio y Maruchi, la arisca de gran corazón. Pronto identifican la casa, que resulta haberse convertido ¡en el colegio de la pandilla, precisamente!

Pero entonces Muerte Súbita, el subdirector, les revela que el antiguo propietario cometió todos los crímenes posibles en la Cuba revolucionaria. El conflicto estalla y Maruchi acusa a Paloma de haberlos engañado para apropiarse del tesoro. Nuestra heroína, profundamente herida, huye junto a su tía en el balneario de los turistas extranjeros, abandonando toda esperanza de llevarle al anciano Fermín aunque no sea más que una pequeña reliquia de su pasado.

Pero Jorge y sus amigos no se arredran... ¿Qué descubren? ¿Existe realmente el tesoro? ¿Cuál es la verdad oculta en el pasado del tío-bisabuelo? ¿Y aquella mujer, tan bella, que Paloma descubrió en los archivos de la biblioteca municipal, junto al entonces joven y apuesto Fermín... qué fue de ella? Esas y otras preguntas asaltan a los chicos. Pero, ¿cómo desviar la atención del temible Muerte Súbita? ¿Cómo sacar a la luz el tesoro y sus secretos sin despertar sospechas, sin que Paloma y su tía se vean acusadas de conspiración?

Los últimos capítulos de la novela son tan excitantes que al lector le costará retener el deseo de volar por las páginas. Tanto los aficionados a la aventura como los que prefieren las novelas de amistad y sentimientos fuertes quedarán encantados con esta novela. El fondo político de la historia no dificulta en nada su comprensión y constituye una hermosa lección de humanidad y tolerancia.

Brigitte LHIVER
Festival del libro de Cherburgo, junio 2001
http://www.festivaldulivre.com/pages_livres/colleges/cuba.html



la literatura infantil latinoamericana

LA LITERATURA INFANTIL IBEROAMERICANA: NOTAS PARA UN VIAJE DE DESCUBRIMIENTO *

Revueltos, los orígenes

La literatura infantil, en tanto que entidad cultural definida es, en Iberoamérica, un producto del siglo XX. La especificidad del desarrollo económico, social, educativo y cultural de cada país permite un adelanto o retraso de algunos años en el proceso global y en su rapidez de desarrollo. Salvo raras excepciones (el cubano Martí o el colombiano Pombo), el XIX no supone otra cosa que un período de tanteos que repite caminos ya recorridos por la literatura europea: silabarios, catones, textos para la formación de jóvenes elites, las primeras fábulas en prosa y verso, compilaciones de cuentos populares, etc.

Algunos estudiosos han creído descubrir antecedentes de literatura infantil en los primeros siglos de la colonia, e incluso en la palabra cultivada de los tiempos precolombinos. Si entre los mitos y leyendas aborígenes y en las crónicas de la conquista podemos encontrar páginas cuyo contenido fantástico, épico o testimonial resulta interesante y útil al joven lector de hoy, ello no nos autoriza a considerarlas literatura infanto‑juvenil porque carecen de una intencionalidad transformada en rasgo tipificador de discurso literario para el destinatario niño o adolescente. Aun cuando ‑invirtiendo el proceso‑ logremos identificar en dichas obras algún que otro rasgo que más tarde caracterizará a la literatura infantil, esto apenas demuestra que lo que los pueblos dan a leer a sus chicos suele tener puntos de contacto con lo que los pueblos crearon durante su propia infancia.

Paralelo procedimiento de asimilación se verifica a expensas de los grandes autores. Cada nación escogerá los suyos entre las filas de sus nacionalistas románticos (Argentina tomará a José Hernández, Colombia a Jorge Isaacs, Cuba a José María Heredia), o acudirá a sus figuras mayores: Neruda en Chile, Rómulo Gallegos en Venezuela, Santos Chocano en Perú...

Evidentemente no es la adecuación al gusto y necesidades infantiles lo que explica la selección de dichas obras sino la importancia histórico‑literaria de sus autores y su aporte a la formación y consolidación de la identidad. Las citadas lecturas ‑totales, parciales o en adaptaciones‑ son promovidas por la escuela e integradas a los programas de lengua.

Especial es el caso de creaciones que, al tener al niño como interlocutor virtual o tema, utilizan también elementos de su percepción y expresión, lo que proporciona páginas de brillante ambigüedad en autores del temple de Rubén Darío (Nicaragua), Manuel Gutiérrez Nájera (México) o José María Arguedas (Perú).

De amores que matan y otros venenos

El folklore es uno de los más importantes moduladores y caracterizadores de la literatura infantil Iberoamericana. Su presencia es tan fuerte en algunos casos que suplanta a la literatura infantil e incluso ‑no es paradójico‑ a la literatura infantil de inspiración folklórica. La falta de condiciones para una sostenida actividad literaria y la abundancia de tradiciones orales ‑puestas al servicio de la formación de la identidad nacional y de la instrucción moral‑, provocaron la sobrevaloración del folklore por parte de educadores, editores e incluso escritores. Contribuye a esto el «neoclasicismo nuevomundista» practicado por sectores de la intelectualidad iberoamericana que valoran más el rescate de los «oros viejos» que la creación de nuevas joyas. La real o supuesta grandeza del pasado (civilizaciones precolombinas y gesta independentista) y el propio conservadurismo inherente a la escuela prolongan los efectos de esta desviación.

Hasta la primera mitad del siglo XX los sectores de la infancia iberoamericana con acceso a la lectura recibían ‑de autor nacional‑ casi exclusivamente las consabidas reelaboraciones del folklore y obras en prosa y verso de didactismo generalizado y amanerado lirismo que, con su patriotismo romántico o su realismo denunciador, satisfacían los objetivos moralizantes e instructivo‑movilizadores de los educadores y no las necesidades estéticas y lúdicas de los chicos. Paradójicamente, esta producción se encontraba en el centro del muy iberoamericano enfrentamiento intelectual entre tradicionalismo y modernidad, pero este combate se desarrolló básicamente en el plano ideológico y raramente se convirtió en una verdadera fuerza motora de la evolución de la literatura infantil en toda la vasta y compleja envergadura que la caracteriza.

La anterior situación perdurará, pese a la aparición periódica de disonantes astros solitarios como el brasileño Monteiro Lobato (años 20 y 30), el boliviano Oscar Alfaro (en los 40) o la chilena Marcela Paz (años 50), quienes preludian y plantan las bases del movimiento renovador iniciado hacia 1965.

Es evidente que el gran problema del libro infantil en América Latina es de orden estructural: la pobreza y la injusta distribución de la riqueza, la escolarización insuficiente o efímera y la precariedad de editoriales, librerías y bibliotecas no pueden ofrecer suelo de suficiente fertilidad a la invención, fabricación y consumo de obras para niños y adolescentes. Como colofón, y cerrándose a la manera de un círculo vicioso, la actividad editorial se ve confinada a un mercado estrecho ‑nacional o regional‑ que prefiere originales de interés o potabilidad geográficamente restringidas. Las bajas tiradas consecuentes exigen un producto barato, lo que excluye automáticamente el acceso al mercado mundial y al atractivo terreno de las coediciones.

Por otra parte, la poca envergadura de los medios de expresión de las problemáticas sociales y el escaso respeto de la identidad nacional siguen haciendo a la literatura infantil rehén de tareas que no le son inherentes, por mucha tradición que hayan tenido dentro de las prácticas culturales de la región.

En las últimas décadas se presenta, sin embargo, un peligro nuevo y formidable: los medios electrónicos de comunicación que, con sus formas expresivas y contenidos foráneos, llegan de manera masiva e indiscriminada a los rincones más apartados, allí donde el libro y la cultura alfabética no han tenido todavía implantación. La mayor parte de los países de América Latina ven así amenazado el empeño de transformación de su cultura nacional oral en cultura nacional escrita (tarea concluida por Europa en el siglo XIX). De verificarse, tal catástrofe incluiría el aborto del proceso ‑de formación en unos casos y de consolidación en otros‑ de la literatura infantil iberoamericana.

Eclosión de una primavera anunciada

En un sentido mucho más profundo que la literatura para adultos, la literatura infantil es espejo de la sociedad en que surge; depende del interés de las fuerzas sociales por el desarrollo de sus jóvenes y concretamente de la escuela, ya que aún cuando la primera supera el didactismo, la segunda sigue siendo el principal ‑cuando no el único‑ fomentador de la lectura y mayor comprador de libros).

Es fácil constatar en la producción editorial del continente el predominio de los géneros, temas y estilos accesibles a la más amplia y mejor atendida población escolar: la clase media urbana de entre 7 y 12 años; con desventaja para prelectores y adolescentes, y claro perjuicio para la población rural, los sectores pobres y las minorías étnicas.

Es sintomático que países que carecen de auténtico ambiente literario y editorial, como Paraguay o Guatemala, pudieran engendrar escritores vigorosos, innovadores y trascendentes como Augusto Roa Bastos y Miguel Angel Asturias y que, sin embargo, no suceda lo mismo con autores consagrados a la infancia.

Pero la literatura infantil es tan literatura como la otra e igualmente sensible a factores subjetivos y pulsiones estéticas. Esto explica el hecho de que prácticamente todos los países del subcontinente hayan tenido adelantados talentos individuales que vieron en el niño no el maleable material para la formación del ciudadano modelo, sino un ser dotado de una muy particular percepción, capaz y merecedor de obras donde predomine la función estética. Posible sería constituir una selecta Biblioteca de Literatura Infantil Iberoamericana con precursores tan ilustres como José Martí (Cuba, 1853‑1895), Rafael Pombo (Colombia, 1833‑1912) y Horacio Quiroga (Uruguay, 1878‑1937), y pioneros como Monteiro Lobato (Brasil, 1882‑1948), Gabriela Mistral (Chile, 1889‑1957), Aquiles Nazoa (Venezuela, 1920‑1976) u Oscar Alfaro (Bolivia, 1921‑1963); aunque con frecuencia solo se trate de una obra que titila aislada dentro del legado de un autor universalmente conocido por sus libros para adultos (Juana de Ibarburu, César Vallejo, Nicolás Guillén...).

Entre los años sesenta y setenta se produce en todo el mundo occidental una reforma social y educacional progresista y democratizante que de una u otra manera se integra a circunstancias específicas del continente (procesos políticos, económicos, demográficos y culturales) que posibilitan un salto cualitativo en la evolución de la literatura infantil.

El crecimiento económico y el desarrollo de la clase media propician la extensión y modernización de la enseñanza. Esto permite que la literatura infantil sea exonerada de tareas que mejor correspondían a la escuela o a la prensa especializada, mientras ‑con la ampliación de la población lectora‑ se incrementan el número y la especialización de escritores, ilustradores y editores.

Por su parte, el antiguo complejo de insuficiente valoración de la nacionalidad fue conjurado por regímenes que utilizaron el nacionalismo como instrumento de legitimidad política y como estrategia de desarrollo económico.

Estos procesos se presentan de manera muy acentuada y productiva en Argentina, Brasil y Cuba. En los dos primeros casos funcionan como catalizantes la impopularidad de las dictaduras militares, la saturación del nacionalismo y la necesidad de burlar la censura. En el caso de Cuba ‑donde el régimen también ha sido autoritario, pero contó con prolongado apoyo popular‑ es esencialmente la contradicción entre las intensas transformaciones sociales y la retórica oficial lo que condujo a una renovación que llegó más tarde que a la Argentina y Brasil, e indudablemente influída por ellos y por los avances de la literatura infantil occidental.

La actividad creadora, hasta entonces dominada por cierta inmediatez castradora y por la hipertrofia de la poesía, el relato y sus respectivos híbridos didácticos, se abre a los géneros más ricos en fabulación y va siendo enriquecida por recursos tales como la combinación de realismo y fantasía, el humor, la ironía, la parábola, la carnavalización, el metalenguaje, etc. Al mismo tiempo se produce una ampliación de temas y asuntos a expensas del reencuentro con el folklore y la naturaleza propios, de la prospección en las circunstancias humanas y sociales de nuevo tipo, de la explotación de los progresos de la ciencia, las artes y la comunicación, de la revisión de la historia, etc.

Los tres países mencionados integran el A,B,C de la literatura infantil iberoamericana. Son ellos los que poseen la serie literaria infantil1 más completa y los que han hecho aportes más trascendentes. Se trata en realidad de la vanguardia de un movimiento iberoamericano de literatura infantil moderna que se extiende desde la década del 80 a Chile, Colombia, Costa Rica, México...

Todo final es un punto de partida

La estabilización democrática de los 80 (los 90 en Centroamérica) y las crisis económicas del período se combinan para diseñar un marco de esperanzas y frustraciones en el panorama social, educativo y cultural que dinamizan y frenan alternativamente el desarrollo del libro para niños y jóvenes en nuestro continente. Una mejora en los presupuestos de la enseñanza, en los servicios bibliotecarios y en las economías familiares serviría de extraordinario estímulo a la industria del libro, que luego de consolidarse en los comienzos de las recuperadas democracias, sufrió los embates de las crisis económicas continentales y de los procesos de concentración que vienen remodelando el panorama editorial en la mayor parte del planeta.

En los últimos años, junto a los esfuerzos dispersos y apasionados de siempre y a las viejas editoriales (públicas, universitarias o privadas) sobrevivientes, han aparecido las sucursales de grandes grupos editoriales, por lo general españoles (aunque su capital pueda ser alemán o francés), que han reorganizado la propuesta bibliográfica en colecciones y series por edades, reconocibles por sus maquetas y colores. Esta es la cara visible de una estrategia basada en tácticas de mercado probadas en la América Anglosajona y en Europa Occidental. Nuestra producción, antes caótica (para bien y para mal) viene adquiriendo un rostro racional, pero insuficientemente adaptado al mosaico de nuestras realidades; algo que, a la larga, puede acabar resultando empobrecedor.

Es todo un nuevo estilo de hacer el que deben enfrentar los escritores y animadores de la lectura: desde la selección de originales ‑que prioriza al autor nacional, pero tipifica la oferta según fórmulas genéricas, temáticas y estilísticas importadas‑ hasta las campañas de promoción que procuran satisfacer las expectativas de ese prescriptor institucional que es la escuela, aunque sin valorar adecuadamente lo diverso y frágil de nuestros sistema educacional y tejido bibliotecario.

El parque de escritores, en todo caso, da garantías de una producción literaria rica y diversa: tres promociones están activas y cuentan con motores de la fuerza y personalidad de Lygia Bojunga Nunes, Ana Maria Machado, João Carlos Marinho o Marina Colasanti (Brasil), María Elena Walsh, Laura Devetach, Graciela Montes o Ema Wolf (Argentina), Dora Alonso, Hilda Perera, Luis Cabrera Delgado o Antonio Orlando Rodríguez (Cuba), Jairo Aníbal Niño, Gloria Cecilia Díaz o Yolanda Reyes (Colombia), Emilio Carballido, Gilberto Rendón Ortiz o Juan Villoro (México), Víctor Carvajal (Chile), Jorge Díaz Herrera (Perú) y tantos otros.

Como lo demuestra la experiencia de otras regiones del mundo, solo el crecimiento y clarificación de la oferta ‑dando mayor espacio a los auténticos talentos‑ y el crecimiento y eficacia del consumo de libros ‑al propiciar una mejor relación con el lector‑ garantizarán la superación definitiva de defectos tan tenaces en la literatura infantil iberoamericana como son la debilidad de las tramas y la proliferación de lirismos gratuitos, la escasa variedad temática, estilística y genérica, la insuficiente independencia y osadía de la ilustración, y la poca interrelación, tanto con la literatura infantil de otras regiones del planeta como con la literatura para adultos y con otras formas de la cultura (cine, periodismo, informática, ciencia, artes).

Probablemente una de las grandes tareas pendientes de la literatura infantil iberoamericana es el conocimiento mutuo. Aunque abundan las selecciones y listas de libros recomendados y no faltan premios literarios internacionales, lo cierto es que son pocos los libros que confirman con una presencia en todo el continente la aprobación que reciben en sus países de origen; eso cuando dentro de un mismo país la crítica y la promoción logran un verdadero impacto nacional.

Por supuesto que no se trata de imitar un mal que yo mismo he condenado en otras páginas de este libro: la homogeneización y la repetición de modelos. La única garantía de calidad en materia de literatura, es la diversidad puesto que los gustos y necesidades de cada lector son diferentes y también porque quienes escribimos, escogemos y entregamos los libros a los chicos somos adultos y, por ende, ajenos al fondo de la cuestión, por muy especializados en ella que nos sintamos.

Pero al menos sería conveniente que discutamos juntos los puntos de vista, los pesos y medidas que aplicamos a esa especie singular ‑anfibia y ambidiestra, voladora y excavadora, fecundante y estabilizadora, dinamizante y cuestionadora, seria y divertida, culta y popular, realista y soñadora‑ que es la literatura infantil. En otras regiones del mundo esta reflexión y decantación la realizó el tiempo, pero nosotros no tenemos derecho a seguir postergando una primera ‑y por supuesto discutible‑ clarificación del género y selección de paradigmas. A tales prisas nos obligan la globalización de los productos culturales y la crisis inminente de la letra impresa.

Quizás convendría que un equipo interdisciplinario y multinacional, representativo de todo el continente, trabajara en una Historia de la Literatura Infantil Iberoamericana, de sus orígenes hasta hoy, la cual pudiera servir de referencia común. Imagino que para que no nos caiga encima un patrón normativizante, deberían ser dos o tres estas historias, cada una con su equipo interdisciplinario y multinacional trabajando separada, aunque cordinadamente. Y algo similar convendría realizar en los terrenos de la teoría y la crítica a fin de sintetizar ‑al menos metodológicamente el «patrimonio genético» de la literatura infantil iberoamericana. Semejante clarificación de una producción vasta y dispersa es imprescindible si queremos alcanzar vigor y brillo dentro y fuera de nuestras fronteras.

Nada sería más fecundo, pues es mucho lo que la literatura infantil iberoamericana tiene para legar al mundo: la sensualidad de su lenguaje, símbolos e imágenes, esa ingenua frescura que le viene de la proximidad del folklore (todavía vivo y visitable), un formidable caudal imaginativo irrigado por inagotables reservas de personajes, asuntos y ambientes (realistas, históricos o imaginarios), y aquella sorprendente flexibilidad y capacidad de combinación que le aportan su carácter mestizo y la promiscuidad de un contexto donde se mezclan feudalismo y modernidad, oropel y miseria, tecnología de punta y selvas vírgenes, prehistoria y juventud.



* Originalmente publicado en el n°2 de la Revista Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil (Bogotá, julio‑diciembre de 1995) bajo el título "La literatura infantil latinoamericana: una hoja de vida", este artículo ha sido rebautizado como una nota parcialmente publicada en la en el n°153 de la Revue des livres pour enfants (Paris, otoño de 1995). Los cambios ocurridos en el panorama editorial iberoamericano en la segunda mitad de los noventa y un mejor conocimiento de la literatura de la región me han llevado a moderar el alcance de mi título y ampliar, en cambio, mis consideraciones.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.

Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

(Tengo músculos de payaso)






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).

un cuento y un escritor en rescate de la lengua

El 13 de noviembre pasado fui invitado por El Salón del libro, única librería especializada en la lengua española que existe actualmente en París, y la asociación Había una vez, que se dedica a la conservación y promoción de la lengua castellana -a través de la narración oral, la lectura y el libro- entre los hijos de emigantes latinoamericanos en Francia.

El público era el más difícil que imaginarse pueda: niños de 3 a 5 años, argentinos, españoles, colombianos y de otros países de Hispanoamérica; nacidos -o muy recientemente instalados- en Francia, los cuales tienden a expresarse exclusivamente en francés.Incluso si entienden el castellano en que sus progenitores (o al menos uno de ellos) les hablan.

Atraer y sobre todo conservar y disciplinar la atención de niños tan pequeños, en una actividad que se apoya básicamente en la palabra (en un idioma que su limitada experiencia les hace percibir extremadamente minoritario) es bastante difícil. El humor, el atractivo de una historia, la reutilización de una palabra “nueva”, la participación de todos y la reactividad por parte del conductor del taller, son recursos recomendables cuando se trata de acompañar a los chiquitos en una experiencia estética, que se quiere amena y provechosa, de valorización de la lengua (y la cultura por ende) que tienen en su legado familiar.

Comencé por contarles mi cuento “La Nube”, historia ecológica y sobre la evolución y los sentimientos del personaje cambiante (como los niños mismos) que es la nube del título. Ella recorre la playa, la ciudad, la montaña (donde la rechazan por su sombra), hasta hallar en una llanura reseca el lugar donde su agua es necesaria y bienvenida. Este cuento, uno de los primeros de la colección Cuentos de 4 colores de la editorial Sudamericana (Buenos Aires, 2001) se presenta con el texto que completan “pictogramas”: iconos tras los cuales se oculta una palabra que el niño todavía no alfabetizado puede “leer”. Siempre que presento este libro a un niño voy preguntándole “¿y aquí qué dice?” y comentando “ves como ya sabes leer” cuando nombra el objeto o persona representado. Esto los anima a perderle el miedo al texto y a desear más rápidamente poder descifrar ese componente inalienable de los libros ilustrados que tanto gustan a los pequeños.

Tras contar el cuento, recorriendo y explorando las imágenes de cada página, propuse a los chicos un diálogo y juego en torno a personajes, lugares y situaciones tomados del cuento o sugeridos por ellos mismos... que fuimos siempre nombrando en castellano (“¿cómo se dice en español?”, pregunté sistemáticamente cuando nombraban en francés). Derivamos casi inevitablemente hacia personajes y situaciones convencionales y bien conocidas como la bruja, la casita en el bosque, el lobo, la princesa, etc.

Cuando la fatiga y el alboroto comenzaron a volver ineficaz el intercambio linguístico-narrativo, pasamos a los dibujos en una pizarra blanca y terminé proponiendo a los chicos dibujar en una hoja de papel lo que cada cual quiso conservar del encuentro.

Para mi fue una primera experiencia con chicos tan pequeños en situación de bilingüismo asimétrico. Los padres y chicos parecían muy satisfechos. En todo caso, yo aprendí de mis errores... y la próxima vez incorporaré nuevas tácticas que espero de superior eficacia.